La Musicalidad en Poesía y Psicoanálisis

 Algunas notas sobre poesia y psicoanálisis em cierta “vecindad”:

Recuerdo haber leido en el libro “Lacan:Heidegger” de Jorge Alemán y Sergio Larriera, que entre poesia y psicoanálisis hay uma vecindad.
Me interesa esta noción topológica de vecindad.
Y es que en ambos campos, la palabra no se usa para hablar solamente, cumple otra función.
La palabra dice otra cosa de lo que la voz proclama.

Cuando se habla, se producen sonidos, los sonidos propios de la lengua, desprovistos en sí mismos de significantes.
Estos sonidos se perciben con los sentidos y promueven una operación en el oyente que Jacques Lacan llama “lectura”.
Quiero decir que eso se lee, se lee el significante, se lee en lo que se oye.
Y el resultado de esa lectura es el significado de las palabras.
Es decir que si para Heidegger lo no sensible de las palabras es su sentido, su significado, a eso Lacan lo llama “lectura”.

El significante se oye y el significado se lee.
Borges se refiere al hablar de traducción, de la pérdida de musicalidad del poema en su lengua original, al ser trasvasado literalmente a otra lengua. Porque lo esencial no es el sentido, sino la cadencia, la música, el ritmo.
Desde el psicoanálisis podemos decir que escuchar la musicalidad de las palabras, lo que es la palabra poética es ya un destino privilegiado de la pulsión invocante.
El poeta escucha lo que habla en la lengua.
Tomar a la lengua como una fuente sonora es función del poeta.

Hay ocasiones en que la poesía y el inconsciente irrumpen en el habla.
Implica que se los escuche.