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Presentación por Sergio Wolf:
Daniel Burman va a estar en desacuerdo con una presentación que diga que pertenece a la nueva generación de cineastas que cambiaron el cine argentino y surgidos varios de ellos de la primera camada de las historias breves.
El corto de Burman de las Historias Breves no se parece demasiado a la mayoría de las películas que la gente más conoce de él. Parece un corto para empezar a hacer cine.
A diferencia de otros directores de esa generación, Burman no venía de una escuela de cine sino ligada tangencialmente al cine (no fue una usina de cineastas).
Su primer película es muy curiosa, "Un crisantemo estalla en cinco esquinas", donde aparecen algunos elementos temáticamente vinculados con sus películas posteriores. Temas tipo, generaciones, padres e hijos, planteado de manera diferente respecto de su poética cinematográfica; Más deliberadamente poética que sus películas posteriores.
El caso de Burman presentaba algo interesante. Inicialmente parecía que Burman no era de los mejores directores de ese grupo. No llamaba la atención internacionalmente.
Sin embargo se dio que un director muy joven encuentra su propia voz cinematográfica. Encuentra ciertos temas propios y cierta manera de contarlos.
Es el que empezó más joven y produjo más películas, y además con cierta periodicidad. Una película cada 2 años. Comparado por ejemplo con Lucrecia Martel que hace una película cada 4 o 5 años.
Es decir su relación con el cine es de otro tipo.
El cineasta encuentra su voz y los críticos acompañan el recorrido y van identificando esa voz propia, como si al encontrar su propia poética, el cineasta convenciera a los críticos acerca de esta poética.
Eso ocurrió en su segunda película "Esperando al mesias".
Al mismo tiempo Burman es uno de esos cineastas que es capaz de decir que sólo es director de cine cuando filma, lo que es bastante conmovedor en este medio.
Uno está acostumbrado a escuchar cineastas las 24 hs. y esto marca un lugar de humildad que también fue recibido como parte de su propia poética, donde el cineasta y los personajes de sus películas se parecen.
"El abrazo partido" y "Esperando al mesias" establecen un sistema que se suele asociar con el universo geográfico, cultural y hasta religioso pero que tiene que ver con el tono, con una manera de trabajar su personaje, con una integralidad y también con una mirada coral en el sentido de que es un mundo donde hay una cantidad de personajes con problemas diversos, unidos por los azares de ciertas circunstancias dramáticas.
Su última película, “El abrazo partido”, su película más popular, aparece como una especie de recuperación que el cine argentino tuvo a lo largo de su historia más o menos en los años 30 o 40, época de sedimentación de ciertas inmigraciones o culturas en Buenos Aires, básicamente el universo del conventillo, el judío, el gallego, el turco, etc.
Universo de la cultura, del cine, del teatro de la literatura argentina, entonces, cuando vi “El abrazo partido”, me pareció que Burman contaba algo parecido a lo que se contaba en ese período, pero ya las razas, culturas, etnias, eran otras.
Eran el universo de los países del Pacífico, Bolivianos, Peruanos, orientales, ya no solo judíos. Y el espacio de la galería de “El abrazo…” era como el conventillo de antes. Como si los flujos y movimientos inmigratorios que tuvo Buenos Aires y la Argentina en diferentes períodos, hubieran sido contados por diferentes directores en los años 30.
Yo se que él va a renegar con el concepto de que él hace cine independiente. Él toma distancia sobre eso. Hace cine simplemente y un cine para los espectadores en términos generales.
Esas culturas conviven en un espacio determinado.
La última película fue interesante porque apareció en un período posterior a ciertos comentarios en ciertos medios de comunicación televisiva, radiales y escritos, respecto de los inmigrantes que venían a sacarles el trabajo, que había que expulsarlos etc.
La película vino a plantear exactamente lo contrario, es decir: cuáles son los problemas que plantea la necesaria convivencia entre estas culturas.
Daniel, ¿vos te sentís un cineasta de una generación nueva? Porque me da la impresión de que sabes de producción, de venta etc.
Daniel Burman responde:
Primero quiero decir que estoy de acuerdo en todo lo que dijo Sergio. Con el tiempo por suerte la vanidad de uno se va amaestrando y deja de renegar de todo lo que dicen que es uno. Al principio todo lo que decían, cualquier análisis me parecía que era errado, hasta que me di cuenta de que son dos verdades diferentes.
Lo que yo hago y los análisis de lo que hago son verdades que no puedo poner en la misma balanza. Son todos discursos ciertos y ahora disfruto mucho de leerlos porque me doy cuenta de que es alguien que gastó un tiempo de su vida en pensar sobre lo que yo hice. Y con eso mi vanidad está satisfecha.
Y nombro la vanidad porque es para mi uno de los mayores enemigos de los artistas y cuanto antes nos damos cuenta que sólo somos tipos que hacemos películas, le sacamos la dimensión sagrada.
Es una película. Son 90 minutos de imagen y sonido, que un tipo se sienta, la ve, que le gusta o no y chau. Y después sobre ese discurso se establecen otros discursos que hacen los espectadores y los especialistas y que están en otra dimensión de la cual uno no tiene nada que ver.
Y también la periodicidad con la que filmo tiene que ver con eso. Es decir que yo no lo siento como un objeto sagrado y tampoco soy un director de cine, aunque fiscalmente si lo sea, porque vivo de esto.
Yo llego a casa y no soy un director de cine. Veo qué hay de comer, si está planchada la camisa etc. No es que me paro, miro a mi mujer y me imagino y me inspiro etc.
Creo que es importante para todos los artistas (aunque hablo en plural, hablo de mi) tener lugares donde uno se sienta un inútil o un idiota. En mi caso eso funciona extraordinariamente.
Yo también coincido con Sergio sobre “El abrazo partido”. Esta es la primera película que vi dije ah...yo quería hacer esto realmente.
Encontré un lenguaje y una poética, aunque así suene pretencioso. Pero casualmente la encontré justo cuando encontré en mi vida otros lugares, donde a uno lo pueden maltratar un poco.
Con respecto a la pregunta, como yo esto lo tomo no como algo sagrado, sino como mi actividad, siempre me pareció que era importante que esa cosa que estaba creando, aprender cómo hacerla y aprender cómo transformarla en otras cosas y que no sea un fin en sí mismo.
Y vuelvo al tema de la vanidad, transformarlo en algo útil, que se mueva, que se transporte, o por lo menos intentar hacerlo.
Y yo soy una persona que no tengo vergüenza en decir que me interesa tanto producirla como escribir un guión y dirigirla.
Me parece fascinante viajar a un festival cuando tengo un proyecto para hacer, y convencer por ejemplo a un alemán que tiene que invertir 20.000 dólares un mi película, que es esto, un papelito. Y que el tipo crea que es una película.
Esto me parece un acto creativo extraordinario y me entretiene muchísimo ver la cara del tipo y pensar si el dirá que sí o solo está pensando en comerse un Goulash.
A mi me parece muy divertido.
También me divierte como loco cuando tengo que transmitirle a un actor algo que creo que nunca va a comprender y de pronto algo ocurre y veo la toma y ocurrió.
Pertenecen a la misma dimensión que son las cosas que yo hago y que están bien alejadas del cine como un objeto sagrado.
Todas esas cosas que aprendí con el tiempo lo hice no como la figura del pobre director que tiene que aprender etc. etc. sino que me parecen divertidísimas.
Me divierte aprender a hacer un afiche, salir a vender la película y todo eso no significa que uno especule con lo comercial. Es una diferencia muy grande.
Todo eso forma parte de algo absolutamente lúdico. Yo me divierto por lo cual este orgullo extraordinario que yo tengo de que esta actividad lúdica me genere la posibilidad de mantenerme a mí y a mi familia no significa que yo haga películas para ganar plata. Eso es una visión reduccionista.
Nadie sabe lo que es el público. Nadie tiene una varita mágica, lamentablemente, en el cine.
Pero yo en vez de separarlo como algo pagano, el aspecto de la comercialización de la película me genera en principio el mismo interés lúdico que dirigirla o escribirla.
Yo me levanto a la mañana y me divierto muchísimo con lo que hago. Por eso cada película que hago me parece que es la última porque yo no puedo creer que trabaje de esto.
Mi mayor orgullo no es cuando veo el Oso de Plata de Berlín en mi oficina, sino cuando pago COTO el domingo. Abro la billetera, pago el carrito, $84 y eso salió de que alguna vez tuve una idea andando por la 9 de Julio en auto y casi choco y después se transformó en un guión y después nada...un tipo compró un DVD en Musimundo.
Para mí es un milagro. Hay gente que para comprar ese changuito tiene que hacer trabajos horribles y sacrificar un montón de cosas de la vida.
Pregunta:
Parecería que para esta nueva generación de cineastas a diferencia del cine anterior donde se hablaba casi exclusivamente de inspiración, ahora toma mucha importancia el trabajo. ¿Cómo enhebrás esta cuestión del trabajo con esto que pasa por deseo y necesidad?
DB: Lo que pasa es que son 2 cosas que no están contrapuestas. Yo no podría no hacer una película. Yo me muero. No es que la hago para vivir, pero si no hago una película no sabría que hacer.
Me es difícil conciliar que un deseo o una pulsión tan vital, encima me genere sustento. Conciliar esto en este mundo es increíble y yo no lo termino de asumir y eso me genera un mecanismo de felicidad permanente en mi trabajo. Algo que no es normal.
Tener un campo y cosechar soja es algo que va con la inercia natural del universo.
O sea cuando alguien viene con un guión yo le digo que esa película en principio no se va a hacer nunca. Además un guión es diferente de un proyecto. Un guión son más o menos 90 o 100 páginas escritas. Escribirlos es un trabajo enorme y en principio la inercia natural del universo es que no se haga. Porque son tantas las cosas que se tienen que poner en funcionamiento y la mayoría de esos mecanismos para ponerlo en funcionamiento van en contra de la razón que rige los mercados, la vida cotidiana.
Para hacer una película, hasta la gente que invierte de una forma calculadora en un punto tiene algo que le patina. Porque hay un montón de cosas que uno podría hacer con dinero que no son películas, que son cosas mucho más normales y con mucha más seguridad. Siempre hay algo apasionado.
Las grandes casas de industria del cine que siempre representaron el cine comercial argentino, si uno los conoce, son tipos que en un punto tienen una pasión que excede mucho el afán de lucro. Hay algo que tienen los tipos que va más allá de la cuestión comercial.
No hablo de los riesgos comerciales. Es poner en funcionamiento una máquina donde cada cosa puede funcionar mal.
Cuando yo hago un rodaje, cada mañana leo la escena del día y por ejemplo tiene que venir un camión de bomberos de la Matanza, tiene que venir esto, un actor, etc. etc. Y de pronto llegás al set y está todo. Uno no lo puede creer. Es medio un milagro; Que durante 3 meses ninguno de los actores tenga un resfrío, etc. Todo debería salir mal.
Pregunta:
¿Cómo encontrás el tono o la imagen para decir, "es ésta"?
DB: Creo que hay 2 tipos de artistas. Creo que hay artistas que trabajan con una inspiración inmediata. Y yo lo he visto y son los menos; y los que no somos éstos, tenemos que trabajar.
Hay dos maneras para que salgan las cosas. Hay dos maneras de llegar. El de la inspiración es bárbaro porque te levantas a la mañana, llegás al set... pero te tiene que pasar. Tenés que ser uno de los elegidos, y uno normalmente no es. Siempre es otro.
Yo hago pre-producciones muy largas y como para mi el cine en un punto es una creación colectiva, la clave para mí es, como método de trabajo, transmitir por un tiempo muy importante a todos tus colaboradores, qué es aquella imagen que se te proyecta en la cabeza cuando estás leyendo un guión. Es tan simple como eso.
Para colmo de males yo no tengo ninguna capacidad de representar gráficamente las cosas. Apenas puedo escribir. Por eso me lleva mucho trabajo. Si no haría como Kurosawa, agarraría un par de pinceles y pintaría, etc. Por eso tengo mucho trabajo que es muy conceptual.
A mi no me preocupa que esa imagen que yo veo en el set no es colorado 38 porque es un bordó 99. No me interesa. Lo que me interesa es que el concepto de lo que surge en esa escena, cuando yo lo veo en la cámara sea la sensación ésta que yo siempre tuve.
No es tanto una cuestión de transmitir a todos una imagen abstracta, sino un concepto que salga de esa imagen.
Eso es tiempo de trabajo con actores, con directores de fotografía, con directores de arte.
Yo hago producciones muy largas y ahí también ya hay otras divisiones. Hay gente que prefiere en vez de ir a hablar de la película, ir a comer, ir a una estancia. Andar a caballo.
Yo no. Yo prefiero levantarme, irme de casa y encontrarme con mi equipo de trabajo, leer el guión, charlar, hablar, ver otras películas, películas de otros.
Ver un cuadro o algo que me hayan llevado y que esa persona lo pueda procesar y establecer una relación dialéctica con ese grupo de gente que es la que generalmente me va a permitir plasmar esa película.
Y después cuando estás filmando es algo totalmente intuitivo. Hay algo que se llama video de Asis que es un televisor chiquitito donde uno ve la imagen en video, que es una referencia de lo que pasa y uno escucha a los actores y mucho más en mi caso, es con el sentido de la escucha que con el de la vista, uno termina la toma y enseguida se da cuenta si lo atrapó o no.
Cuando a uno lo atrapó es una sensación de felicidad única, extraordinaria, que da ganas de abrazar y besar a todo el mundo. Y en mi caso lo que ha enseñado la experiencia es que cuando no sale, uno realmente tiene que empujar otros caminos. A veces la insistencia no te lleva a nada.
No estoy diciendo que si a uno no lo atrapa de una vez, no existe, pero muchas veces las cosas cuando cuestan mucho para todos, es porque algo es falaz. Hay algo falso en la cadena narrativa, que no permite que uno concrete verdad. Entonces es mejor buscar otro camino.
Pregunta:
¿Revisás el guión ahí?
DB: Reviso cómo está planteada la escena. Uno piensa, bueno yo me imagino esto, etc.; uno hace una construcción conceptual. Esta escena yo la voy a contar desde el tipo que escucha, entonces la cámara va a ir así...etc. etc. Y conceptualmente es brillante o perfecto pero después la ves y te aburrís como loco, no le crees, no tiene verdad y en vez de ver una persona hablando frente a un auditorio, ves a un actor hablando frente a extras.
Te das cuenta que no funcionó porque no le crees ni que las personas están escuchando ni que yo estoy hablando.
Pregunta:
La voz en Off es una constante en tus películas...¿Por qué?
DB: La verdad es que no tengo nada pensado al respecto. Es algo de lo que no tengo ningún prurito. Hay cosas que me gusta que el personaje diga directamente y no requiere ninguna poética que lo mediatice, entonces lo dice.
La voz en Off es algo muy discutido porque hay críticos a los que no les gusta porque parece un recurso muy directo. Hay otros que sí.
Yo no me lo planteo como una herramienta, si la uso o no, sino que cuando empiezo a escribir, sale y queda.
De hecho el proceso creativo del guión empieza con una muy larga voz en Off, normalmente de 10 o 12 páginas, que es como una especie de monólogo de un tipo que te cuenta lo que le pasa. Eso después se va transformando en una película.
(Se pasa un video que muestra de una parte de una de sus películas)
A mi me interesan mucho las pequeñas adaptaciones cotidianas que sufrimos, como yo en este momento. Que no son grandes adaptaciones sino que uno entra a situaciones que no son absolutamente familiares, por más que para mí es bastante familiar hablar frente a un público, cómo uno va conociendo a los interlocutores que lo rodean.
Esas incomodidades cotidianas que se superan a menos que uno sea un fóbico, a mi me producen mucha atracción en particular y casi siempre están presentes en las películas.
Es algo que no es consciente. No es que yo llego acá y digo ¡Ah! Ahora voy a hacer una película con esa señora, no... Me doy cuenta que cuando me pongo a escribir me interesan esos pequeños detalles.
Cuento una anécdota: el otro día estaba en un bar. Mi hijo menor estaba internado por una de esas cosas de niños.
Estaba con todas las preocupaciones y sin dormir y vienen cuatro señoras a la mesa y me reconocieron, cosa que no es habitual y menos a las 7:00 de la mañana en un hospital. Y me querían sacar de la mesa para mostrarme un portero que decían que era un personaje extraordinario para una película mía.
Estaba sin dormir, con un humor terrible y le dije “señora… no sé...” Me debatía entre contarle la situación o no y me pregunté porqué tengo que contarle lo que le pasa a mi hijo a una persona que no conozco para que no me obligue a conocer a un portero que tampoco conozco.
No sé para qué conté esto, pero son cosas que quedan en uno que quizás alguna vez te interesan pero no es que en el momento las vas usando por una cuestión creativa. Se van guardando en algún lado y uno después las usa.
Espero que dure ese lugar porque si no después no voy a poder escribir más nada.
Pregunta:
Entonces, vos tenés una idea y lo pasas a un mensaje audible, visible etc. que es el cine. ¿Cómo es ese proceso?
DB: Para mí el cine es una herramienta. No es que yo ame el cine abstracto. Tampoco soy cinófilo. Tengo un conocimiento cinematográfico técnico que me sirve para contar mis historias. Pero seguro sé mucho menos de cine que otra gente que ni hace películas.
Para entender lo que es el proceso: Yo ahora tengo una idea abstracta para mi próximo proyecto que tiene que ver con el nido vacío.
Cuando los hijos dejan solos a los padres y todo lo que pasa.
No es como una película de cine americano de los 40 o el cine francés de los 60. No sé, estoy desarrollando lo que quiero contar , lo que quiero transmitir.
Después viene el proceso de guión que también lo hago yo, y una vez que termina este proceso viene el trabajo con los actores. Y en el trabajo con los actores comienzo a ver la película y qué herramientas cinematográficas de las que dispongo puedo optar para transmitir mejor esa idea, esa narración.
Es una cuestión totalmente funcional. Es un camino que a veces es opuesto al de otros directores que también llegan a extraordinarios resultados con un trabajo mas formalista, que a mi no me interesa porque no es mi búsqueda, la imagen por si misma.
Al final del camino es como un médico que te revisa , te saca rayos X, y te dice bueno, hay que sacarte no se qué.... algo, y dice llamemos al doctor tal, y llama al instrumentista, y consigamos dadores de sangre por las dudas y va preparando todo.
Yo me represento mucho con esto, como cuando vamos al médico y nos dice acá tenemos que hacer esto.
Yo tengo el guión y los actores y un primer trabajo, no como ensayo sino como trabajo de mesa.
Yo descreo mucho del ensayo, donde un actor vestido de jean, me haga creer que es Luis XV, en el patio de mi casa.
Yo creo más en el trabajo de mesa y una vez que está ese trabajo decido si la cámara va a ir por atrás o por adelante y todo eso responde a un criterio y a una idea pero está en función de ese trabajo anterior.
Pregunta:
¿Vos elegís un lenguaje que tiene que ver con la imagen?. ¿cómo llega un momento donde ocurre que se pasa del trabajo de mesa a una imagen?
DB: Eso llega en el trabajo con los actores. Porque aunque reniegue de eso, con ellos llega el momento de la verdad. El guión es una verdad abstracta o una "hipótesis de verdad". Y después te emociona todo.
Y después un tipo se pone a hablar algo que a vos te emocionaba y te da vergüenza ajena y querés salir corriendo, entonces eso no es verdad.
Cuando llegás al trabajo con los actores y lográs que esa hipótesis de verdad se monte en ellos y logre verdad, después están los instrumentos cinematográficos para transmitirlo y plasmarlo en imagen.
Obviamente te gusta contar cuentos.
Pregunta:
¿Fue por relacionarte con alguien que te contaba cuentos, o con vos como contador de cuentos o como mentiroso? ¿Cómo eso pasa a guión y no a cuentos o novelas?
DB: Tengo cuentos que tiene guardados mi madre y espero que los pierda alguna vez. Pero mi sueño siempre fue ser escritor. Eso me parece lo máximo. Si me parece increíble vivir de que se me ocurra una idea y después escribir una película, el chiste es vivir de que se te ocurra una idea, la escribís y ya está.
Eso es algo extraordinario.
En mi época todos los adolescentes creíamos que éramos poetas o escritores, no hace tanto, pero me dí cuenta por suerte, que había algo que tenía que ver con mi ansiedad que me impedía seguir ese camino. Pero empecé con el placer de contar historias, relatos o que me los cuenten.
Igual es muy curiosa la génesis de por qué estoy haciendo esto y no otra cosa. Porque con mi familia no tengo ninguna relación con el tema. Justo hoy hablé con mi papá y le pregunté cuantas películas había visto en su vida antes de que yo hiciera cine. Y me dijo que 6.
Pero me pudo nombrar 2 nomás.
Dentro de poco, yo ya voy por mi quinta película, de las películas que habrá visto, más de la mitad van a ser mías.
Así que no sé de donde surgió. Tampoco en un punto me interesa mucho indagar.
Si tengo claro que elegí el cine como herramienta para contar historias. Eso lo tengo clarísimo.
Cuando empecé dije quiero esto porque me sirve. No es que a los quince años vi "el Acorazado" en el Cosmos, y dije yo quiero ser director de cine. Como es normal...
Yo siempre quise hacer películas y no ser director de cine. No porque me parezca mal ser director de cine sino porque casi nadie es director de cine. Sólo algunas personas que llegan a un estadio de autoría, de Kurosawa a Woody Allen.
Son muy pocas las personas de las que se puede decir "es un director de cine".
Nosotros hacemos películas y no es poco.
Uno es cirujano y vas por ahí y ves un tipo y lo tenés que suturar porque sos cirujano. Vuelvo al ejemplo de la medicina porque me parece el estadio más excelso de la humanidad. Los demás hacemos películas que no está mal. Está buenísimo, pero no me parece que invaden las personas. Tu actividad no es una cosa permanente.
Pregunta:
¿En general esa primera imagen que se transforma en una película, es visual, es una palabra, es algo que vino de un sueño?
DB: En general son situaciones sociales que están en un límite con el absurdo, en las cuales me siento muy incómodo. Y después también me incomoda mucho porque esa gente se da cuenta. Tardo un tiempo y la transformo. De hecho la película que estoy escribiendo ahora pasó de una cena que tuve hace poco y ahora estoy tratando de ver como pilotearlo para no quedar mal con nadie.
Son situaciones.
Quizás por eso las últimas películas sobre todo, tienen un tono tan personal, porque son situaciones.
Son situaciones aisladas pero me doy cuenta que finalmente tienen que ver con un patrón que aparece en las últimas películas y con lo que tengo ganas de seguir explorando que es el tema de la identidad y la paternidad.
Es muy curioso porque yo no me siento y digo, bueno en esta película voy a hablar de la paternidad.
Empiezo escribiendo de una situación que no tiene que ver con eso, pero finalmente cuando llego a un estadio del desarrollo del guión digo ¡Ah! Estoy hablando otra vez de esto.
Y yo contrariamente a muchos me alegro cuando pasa esto, porque uno puede estar hablando toda la vida de lo mismo.
¿De cuántas cosas puedo hablar? Lo que no significa que haga la misma película.
Pero comprender el misterio de la paternidad por ejemplo, qué son nuestros hijos, en qué los convertimos, en qué convertimos a nuestros padres. No lo voy a develar nunca. Podría hacer mil películas.
Así que más allá de preocuparme, me alegra poder seguir buscando el mismo camino.
Pregunta:
¿Los dramaturgos dirigen sus propias obras, ¿a vos alguna vez te ofrecieron dirigir la obra de otro autor o por principio no lo hacés o comercialmente no te conviene?
DB: Comercialmente me conviene que venga un tipo con un guión, todo hecho, te mande un cheque, tomás un taxi a la mañana ya está.
Yo cuando hago mis películas estoy comprometido personalmente y patrimonialmente con todo.
De hecho después de “El abrazo partido” me han ofrecido guiones. Y es divertido. Uno ve lo que te ofrecen, lo que la gente imagina que uno haría.
Tengo 3 o 4 guiones de historias de sobrevivientes del Holocausto y de historias de familias judías un poco mas recientes.
Lo que me pasó después de “El abrazo…” y que me preocupó un poco es que en algunos ámbitos era el director judío oficial.
Me parecía divertido pero preocupante también porque minimiza mi trabajo.
Me ha tocado hablar en muchos ámbitos, judíos sobre todo, y yo digo que soy una persona que hace películas y que soy judío. La vinculación está y es esencial, pero no significa que desde ahora todas las películas que haga sean de la misma temática, aunque siempre le pegue en el palo.
Pero no dirijo lo de otros porque nunca vi algo que me interesara lo suficiente. Pero no lo descarto.
De hecho siempre fantaseo de cómo sería una película. Dedicarme solamente a dirigir. Hasta me da curiosidad.
Pero lo que pasa es que lo que me motoriza a mi a hacer películas es transmitir esas pequeñas reflexiones cotidianas que se engloban en una reflexión mayor sobre ciertos temas esenciales de mi vida.
Eso es lo que me motoriza todas las mañanas a levantarme e ir a la oficina.
No sé si contando la historia de otro me pasaría. Capaz que sí. La verdad es que no lo se y no lo descarto. Es un misterio.
Pregunta:
Hay mucha intriga sobre el proceso creativo pero a mi me intriga que pasa después del proceso de creación.
¿Hay alguna película o parte de una película que te dejó insatisfecho? ¿Qué te pasó después con los productos?
¿Cómo te enterás de que recepción tiene mas allá de la crítica, de lo que le pasa al público?
DB: Normalmente me crea mucha incomodidad ver mis películas. Trato de no verlas. Me generan incomodidad y una especie de melancolía incomoda.
Es lo más parecido a cuando uno ve a una novia de los 14 o 15 años, y se la encuentra casada con 30 años, y con 14 hijos y trata de encontrar algo de lo que pasó ahí y no hay nada, y todo es muy incómodo y uno quiere que le caiga un piano en la cabeza.
Bueno, esa sensación si alguno alguna vez la tuvo es la que tengo cuando veo una película.
En verdad yo estoy casado con mi primer amor.
Es como algo que te pertenece que es del pasado con la cual tuviste una fuerte conexión pero ahora no...
Quizás es por la edad que estoy viviendo que cada 2 o 3 años cambio de opinión en todo.
Si, con la última película me pasaron cosas especiales más allá de las escenas, con lo que pasó con las películas y con lo que la película representa y con lo que la película cuenta, sentí que había logrado algo que no logré con las anteriores, y sentí que era algo que hubiera querido hacer antes pero que no me animaba y como me animé y funcionó me sentí muy cómodo. Fue muy importante para mí.
Es como si alguno de ustedes se muere por hacer una pregunta y no la hace y cuando finalmente la hace, todos aplauden.
Entonces a partir de ahí todas las preguntas que tiene en esa dirección que le gustan, las hace y las disfruta.
A mi me pasó lo mismo con las películas.
Además más allá de lo cinematográfico, lo que me pasó con esta película fue una bisagra en mi vida. Me cambió la vida haber hecho “El abrazo partido” y lo que pasó.
Entonces guardo esa cajita de DVD en casa y la guardo con un cariño muy especial.
Y con la gente te re das cuenta. Uno se puede hacer el boludo, pero vos cuando terminás una película sabés lo que pasa con la gente, con la humanidad en realidad. Vos te sentás y te das cuenta. Lo recibís todo.
Pregunta:
¿Pero eso que pasa, está previsto? ¿Te interesa de antemano?
DB: No, no está previsto y sí, me interesa de antemano.
Yo cuando hago una película, lo que a mi me divierte está, lo que a mi me emociona, está. Y después si eso que a mi me divierte, le divierte a todos, le pegué. Si no, no.
Nunca pienso, ah, esta va a matar. De hecho cuando veía el guión de “El abrazo partido” más de uno me dijo: ¡En éste momento, película de judíos en el Once, con toda gente mayor!¿A quién le va a gustar?
No había ningún elemento atractivo. Esto dicho por gente del medio, también mayor.
Como que uno nunca sabe. Yo me guío más por lo que a mí me divierte y me emociona que son los patrones básicos y primitivos.
A mi personalmente me encanta que vaya la gente al cine y me gustaría que vaya todo el mundo a ver mis películas y a todo el mundo le guste. Es algo que me parece tan natural. Si acá hubiera sólo 3 tipos estaríamos todos tristes.
No puedo entender a quién no le gustaría.
Esto en mi caso razonando sobre lo que dije es una consecuencia lógica. Como para mi el cine no es un fin en si mismo, la creación de ese objeto no termina ahí sino en transmitir o contar un cuentito a alguien. Si ese cuanto no lo escucha nadie es una frustración enorme.
Ahora, si lo escucha la gente y hay gente que le gusta o no le gusta ahí es una frustración más leve.
Pero sí, a mi me gusta comunicar, que este cuento que quiero contar junte gente en la fogata.
Hablando de “Todas las Azafatas van al Cielo”:
Yo en general no reflexiono mientras hago películas, porque las dos cosas son incompatibles al mismo tiempo, e inútiles según mi punto de vista.
Porque son dos estadios diferentes Yo, lo que me di cuenta dando charlas es que mi interés tan grande en el tema de la paternidad es que está muy relacionado con el hecho cinematográfico de la narración.
Eso lo descubrí hace relativamente poco, con mi última película.
Cuando tuve mi primer hijo me llamó mucho la atención (y antes de tenerlo) la relación de los bebes recién nacidos con las madres, que es tan inmediata y sin necesidad de discurso. Se trepan y sabe que ahí tienen que chupar y uno está afuera.
El padre es como el enfermero. Puede ser cualquiera, no tiene ninguna relevancia.
Y hay todo un proceso larguísimo (Capaz yo digo esto y Lacan escribió 50 libros sobre esto, y yo lo descubrí ahora) donde uno tiene que convencer a ese pedazo de carne con ojos que uno es alguien importante. Y esto, en un punto, es un proceso narrativo.
Y la narración y establecer un discurso donde llega un momento donde uno los convence de que uno es el padre o no, qué es lo que eso significa.
Es un proceso que no tiene nada que ver con el proceso de relación de la madre con los hijos. Por lo menos es lo que veo yo sin ningún tipo de tamíz psicológico o psicoanalítico.
Me pareció muy interesante el cine como paralelo a eso, a la narración. Es una verdad totalmente construida.
En cambio ésta es una verdad natural. Salimos de ahí, no hay mucho para charlar. Qué vamos a hacer.
De hecho los padres podemos ser cualquiera, y de hecho tal vez somos cualquiera.
Esto es como el punto de partida. Después me siguió interesando, pero me interesa mucho la invención de los hijos y cómo les damos herramientas para que ellos nos inventen a nosotros mismos.
En la última película "Derecho de Familia", desarrollo mucho más esto de manera mucho menos abstracta, porque tiene que ver con un padre e hijo que hacen lo mismo, pero que trabajan por separado.
Y el temor del hijo a ser atraído como por una fuerza de gravedad por el padre hace que mantenga una distancia permanente alrededor de él, y cuando el padre acorta esa distancia aparece un conflicto, una coalición.
Pero es un tema que atraviesan todas mis películas y por suerte cada vez de manera mas clara y explícita.
También porque con el tiempo uno vence el pudor.
Antes a uno le daba cierto pudor hablar de ciertas cosas tipo qué van a pensar mis padres. A mi me llevó 10 años.
Pregunta:
¿Te gusta estar del otro lado, ser espectador?
DB: Es una buena pregunta. Soy un espectador muy disperso. En verdad soy siempre muy disperso. No es que soy artísta. Me cuesta fijar la atención en ciertas cosas cotidianas.
A veces voy a sacar el perro sin el perro. Ese tipo de cosas que son las cosas que hacen enojar a las mujeres, que seguramente deben tener una buena explicación o una buena medicación.
Y me pasa lo mismo y cada vez más con las películas (no me pasa tanto con los libros) y no es por las películas, me cuesta mucho fijar la atención y estar durante 2 horas porque enseguida veo un actor y me empiezo a preguntar cosas sobre esa persona o sobre algo que veo o me acuerdo de otra cosa.
Soy sincero, y por eso no me gusta cuando me hacen opinar sobre otras películas porque siento que no soy un buen interlocutor para hablar de películas de otros porque no soy un buen espectador.
Simplemente soy un muy mal espectador.
Era mucho mejor espectador antes, antes de hacer cine o en los primeros años.
Y la verdad es que ahora la vida cotidiana en este momento de mi vida me hace muy difícil encontrar 2 horas para olvidarme de todo.
No es que sea un Bill Gates sino porque tengo todas las cosas en la cabeza como pueden tener ustedes más los viajes que muchas veces existe en este trabajo.
Hay películas que realmente me enganchan mucho más que otras. No es que me pasa con todas las películas pero en general soy un espectador muy difícil. |